Entries in albufera (2)

viernes
19feb2010

Todo el tiempo del mundo

 

 

 

Estamos perdidos, tanto caminar y estamos perdidos. Una torre cubierta de esparto y el ámbar que desde el cielo, como el azufre, tiñe el espejo de arrozales; no hay más senderos. Atravesamos los días balsámicos dejando crecer nuestras expectativas como el vientre fértil de una madre y nos encontramos sorprendidos sin salida. 

 

Acariciémonos el pelo que se hace tarde. 

 

¿En qué lugar del camino dejamos señales? Te has recostado sobre un montículo de turba y miras inmóvil con ojos de danzarina húngara hacia lo alto, labrando todo un arco celeste de naranjales. 

 

Se anudan las nubes invernales tejiendo un lienzo opaco, graznan las aves desde algún lugar remoto de este planisferio acuoso, vacío, estático y abandonas tus manos frías en mis manos. Escucho dentro de mi un griterío espantoso al sujetar tu cuerpo vacío entre mis brazos y te muestro el espectáculo que añorabas, este lago magnífico es el mentón del mundo.

 

Te voy a contar las historias de antaño. Las anteriores, aquellas que surgían con frenético caudal,  torrencialmente desde nuestro hipotálamo, surcado por los arroyos subterráneos desbordantes de la niñez. Aquellas que susurrábamos arremolinados sobre el brazo leñoso de un castaño. En lo alto, con todo aquel paisaje de ciudades fascinantes y habitantes insólitos...

 

Escúchame pequeña que hoy aquí sujetos sobre mis piernas de alce, tenemos todo el tiempo que las leyes universales, unidas con una hermosa geometría, nos han regalado. 

 

domingo
13dic2009

Tiempo y espacio.

 

 

El sol es una gallina rellena de gases con el pecho henchido y plumas incandescentes. Arde, y miles de fusiones nucleares suplen de energía su corazón que late; da forma a los objetos, las serranías, las aves, los árboles. Colorea el amanecer y la tarde. Es el estiércol idóneo y necesario para la vida y, por lo tanto para la belleza. Contemplación agrícola del cielo.

 

En cualquier recodo, dejarse caer sobre el mullido heno del tiempo (observar cómo se resaltan las siluetas de lo que nos rodea, se diluyen los detalles y las texturas migran a favor de la aberración cromática) es pasar a formar parte de un nuevo mundo, ese mundo instantáneo, efervescente y ladrador de los pantanos y los valles. Se nos hincan astillas en los sentidos, que son hojuelas finísimas que vibran  cada segundo que avanza con sus tenues cambios.

 

El vacío son las dos grandes manos de un gigante que vierte sobre el lago granos púrpura, estrías de calabaza, hebras de azafrán. Y las greñas del universo agitan el instante y nos sacuden con los latigazos del vértigo de lo que se lleva el tiempo y que no percibimos. La muda hermosa de las nubes, la temperatura constante, la tela de araña celestial; es una arquitectura ingeniosa y sutil que vence con su noble hermosura a la indigestión de vivir con los ojos cerrados.