Tiempo y espacio.
domingo, diciembre 13, 2009 at 11:29 AM

El sol es una gallina rellena de gases con el pecho henchido y plumas incandescentes. Arde, y miles de fusiones nucleares suplen de energía su corazón que late; da forma a los objetos, las serranías, las aves, los árboles. Colorea el amanecer y la tarde. Es el estiércol idóneo y necesario para la vida y, por lo tanto para la belleza. Contemplación agrícola del cielo.
En cualquier recodo, dejarse caer sobre el mullido heno del tiempo (observar cómo se resaltan las siluetas de lo que nos rodea, se diluyen los detalles y las texturas migran a favor de la aberración cromática) es pasar a formar parte de un nuevo mundo, ese mundo instantáneo, efervescente y ladrador de los pantanos y los valles. Se nos hincan astillas en los sentidos, que son hojuelas finísimas que vibran cada segundo que avanza con sus tenues cambios.
El vacío son las dos grandes manos de un gigante que vierte sobre el lago granos púrpura, estrías de calabaza, hebras de azafrán. Y las greñas del universo agitan el instante y nos sacuden con los latigazos del vértigo de lo que se lleva el tiempo y que no percibimos. La muda hermosa de las nubes, la temperatura constante, la tela de araña celestial; es una arquitectura ingeniosa y sutil que vence con su noble hermosura a la indigestión de vivir con los ojos cerrados.
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